Sigue al conejo blanco
Esta publicación surge de una especie de nota mental que hice para mí mismo hace un tiempo. Me había propuesto hacerme algunos recordatorios, ya que noté que, en momentos muy específicos, tenía ideas y sensaciones muy claras sobre ciertos temas o asuntos que necesitaba resolver. Sin embargo, también era muy común que, al día siguiente o con el paso de los días, esa comprensión se fuera disipando.
Esto me llevó a tomar la decisión de registrar esa información en el momento en que apareciera, en la medida de lo posible. Aunque la mente, por diseño, tiene una cierta forma de funcionar, cada una posee sus propios matices. Al final, se trata de reconocer los nuestros para utilizar nuestra mente a nuestro favor, ya que, todo el tiempo, nos va dejando un camino de migas de pan que podemos aprovechar en beneficio propio.
Pensando en esto, recordé algo que comenzó a hacer el padre de un amigo muy querido hace unos 20 años, en una época en la que ni siquiera se hablaba de este tema. Una noche, al irse a la cama sin encender la televisión, su mente estaba completamente ocupada en un problema para el que necesitaba encontrar una solución. Como tantas veces ocurre cuando uno se va a dormir y la cabeza no se detiene, en algún momento, entre sus pensamientos, se quedó dormido.
Serían alrededor de las 3:30 de la mañana cuando abrió los ojos de repente: en su mente estaba la respuesta que buscaba. La solución que tanto había perseguido estaba ahí. No lo dudó ni un instante. Se levantó de la cama lo más rápido que pudo, buscó un cuaderno y una lapicera, y anotó todo. Aunque no puedo saber con certeza cuál fue el impacto interno que tuvo en él, sí sé que fue una experiencia reveladora. Desde esa noche, siempre tuvo una libreta y una lapicera en su mesa de luz.
Es interesante, porque no necesitó leer cientos de libros de desarrollo personal para lograr esto; solo necesitó leerse a sí mismo. Creo que si le preguntara a cualquiera si le gustaría tener una comunicación directa con su inconsciente, diría que sí. Y lo cierto es que todos la tenemos. Es algo inherente al ser humano.
Ahora bien, ¿todos la reconocemos y utilizamos esa capacidad? Eso quizás quede para un próximo posteo.
Por mi parte, me despido. Gracias por estar ahí y recuerda: ¡sigue al conejo blanco!